lunes, 5 de mayo de 2014

Suicidio



Como voluntario orientador del Teléfono de la Esperanza, me ha interesado el sorprendente asunto del deseo de no vivir, y desde hace años he estado encontrando respuestas a interrogantes que en el transcurso de la labor de escucha, se van presentando acerca del tema del suicidio.

Me dejan muchos interrogantes la decisión de quitarse la vida de personajes famosos en el mundo de las artes, la ciencia, las altas finanzas, medios de comunicación y otros círculos donde abundan el dinero, la fama, el prestigio, la pompa, la seguridad y el poder.



Queda claro hoy, que toda clase de ventajas y posesiones materiales, no garantizan la felicidad y la paz mental, necesarias para avanzar por la vida disfrutando de lo más deseable para cualquier ser humano, en su plan de plena realización, como puede ser la seguridad encontrada en el amor, como cada cual lo conciba y lo quiera practicar.

Pero es que las ideas de suicidio se agudizan más cuando falta la fe y la esperanza, causadas por el dolor de la soledad, desamor, dependencias y apegos, sufrimientos por una enfermedad o adversidades repentinas que llegan cuando no hay reservas espirituales para soportarlas.

Un caso revelador que muestra cómo evolucionan las ideas suicidas, como golpean la mente de las personas hasta producir actos trágicos, es el de Víctor Frankl el neurólogo y psiquiatra Austriaco, sobreviviente de los campos de concentración de los Nazis en la Segunda Guerra Mundial. Después de soportar humillantes tratamientos, perder a sus padres y a su esposa incinerados en los crematorios, viendo morir de tristeza a sus amigos, perdió todo interés por la vida y empezó a contemplar la idea del suicidio. La remota posibilidad de reunirse algún día con su esposa, de quien ignoraba su muerte, le proporcionó un poco de esperanza cuando ya había perdido toda clase de fe y fortaleza.

Cada semana veía morir a varios de los prisioneros y era el momento para que los demás pudieran conseguir algo que diera un poco de comodidad con las pertenencias del difunto. Tal vez un viejo cepillo de dientes sería un nuevo lujo, y hasta un pequeño trozo de alambre podría ser una herencia para amarrar los zapatos sin cordones que otro fallecido dejó la noche anterior. Pero la posibilidad de saber algo, algún día sobre su esposa, lo mantenía con vida, y empezó a ayudar a sus compañeros para que despertaran en ellos los deseos de vivir.

Al final de la guerra fue liberado por los americanos y viéndose solo sin padres, ni familia, ni amigos, supo de la muerte de su esposa, y frente a su estado de salud deteriorada, su dolorosa soledad y sin alicientes que pudieran dar valor a su existencia, decidió suicidarse.

Durante su cautiverio siempre lamentó la pérdida de las notas con el borrador de un nuevo libro que tenía proyectado. Esos papeles eran de gran valor para el Dr. Víctor Frankl por lo que tomó la firme decisión de suicidarse, pero después de recopilar las notas para su libro y producir una nueva obra. Se encerró a escribir, consiguió una secretaria para acelerar la escritura, y cuando el libro se publicó ya se había casado con su secretaria, tenía un empleo, amigos y admiradores. Quería seguir viviendo.

Cesar Upegui Mejia Teléfono de la Esperanza Medellín.