domingo, 12 de julio de 2015

Tres tipos de Familias que favorecen la aparición de la depresión

La depresión es un fenómeno complejo que no es atribuible a una sola causa. Su origen se encuentra en una constelación de factores con más o menos peso específico. Este artículo se va a centrar en la estructura familiar como catalizadora, para bien o para mal, del desarrollo psicológico del sujeto.

Simplificando, se puede decir que hay tres tipos de familia que pueden favorecer la aparición de la depresión:




# 1.- La familia pluscuamperfecta 

Por desgracia este tipo de familia es una de las más frecuentes en nuestra cultura occidental.


Antonio pertenece a una de estas familias pluscuamperfectas. Desde pequeño ha sido educado para ser el más estudioso, el más inteligente, el mejor deportista. El mensaje que ha recibido con insistencia es éste: “Debes ser perfecto para ser alguien en la vida”.

En este ambiente familiar, no importa el individuo ni los medios que haya que emplear si se consigue ser el primero.

Antonio fue un niño modelo, un adolescente modelo y un adulto modelo. Parecía como “si nunca hubiera roto un plato”, decían sus compañeros.

Ahora, con treinta años y tras el abandono de su mujer, que le ha dejado por otro hombre, y la pérdida del trabajo, todo su andamiaje psicológico se ha venido abajo: está sumido en una depresión.

Este tipo de estructuras familiares quieren modelar al ‘niño pluscuamperfecto’, en el que no tiene cabida ni el error, ni la deficiencia, ni el fallo. El listón está tan alto que precisa de un sobreesfuerzo continuo para superarlo.

Al no alcanzar esas expectativas tan inalcanzables, se produce la depresión. El fallo, pues, no está en el individuo, sino en las metas propuestas.


# 2.- La familia descalificadora 

El “no sirves”, “no vales”, “tu primo saca mejores notas que tú”, etc. es el leit motiv de este tipo de familias.

Es otro camino para que se vayan generando posibles estructuras depresivas. La desvalorización y la descalificación forman como una segunda naturaleza en el niño.

En definitiva, el niño siente que no merece ser amado, porque “no vale nada”, y por consiguiente, tampoco se siente apto para amar. Nadie puede dar lo que no tiene: si alguien no siente amor por sí mismo, tampoco puede dar amor a otra persona.


Todo esto conlleva una distorsión de la vivencia de sí mismo y del mundo: lo que le rodea no le calma su ‘sed de felicidad’, y él mismo se siente ‘seco’ para abastecerse.

El mensaje que ha interiorizado es el siguiente: “Cuando mis padres me tratan así, es que no valgo para nada”.

La consecuencia de este tipo de convivencia puede ser doble: adultos inseguros y adultos con gran dificultad en sus relaciones interpersonales.

El niño que no se ha sentido querido, valorado, apreciado, llega a la conclusión de no sirve para nada. Se siente desvalorizado. Lo verbaliza en expresiones como “soy un inútil”, “todo lo hago mal” u otras similares.

Y la vivencia de la desvalorización va de la mano de otro gran sentimiento: la culpa. Ambos sentimientos se autoalimentan en un círculo vicioso que desemboca en la depresión.

# 3.- La familia violenta 

En las familias violentas, de forma paradójica, el vínculo se mantiene a través de la violencia psíquica o física. Son familias que solamente saben discutir, insultarse, incluso llegar a las manos como forma de autoafirmación y dominio.

 
Se instaura un clima de ataque y defensa, de manera que, cuando la agresividad no va hacia afuera, se dirige hacia dentro, transformándose en depresión.


En este sentido, la depresión es una autoagresión.
ALEJANDRO ROCAMORA BONILLA
Psiquiatra y catedrático de Psicopatología

Fuente: Cuida tu salud emocional.com

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